¿Por qué no trabajar nos hace sentir culpables?

¿Por qué no trabajar nos hace sentir culpables?

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Tiempo de lectura

2 minutos y 32 segundos.

RESUMEN

Tomar descansos generalmente nos hace sentir culpables. Este sentimiento viene del hecho de que valoramos tanto trabajar, que cuando dejamos de trabajar consideramos el costo asociado. Sopesar este sentimiento con los beneficios de descansar y tomar pausas es clave, ya que finalmente son estos detalles los que te pueden hacer más productivo.

La culpa es una emoción informativa – generalmente es un signo de que no estamos actuando acorde a nuestros valores. Por ejemplo, aquí hay algunos ejemplos de lo que me hace sentir culpable generalmente:

  1. Ingerir mucha azúcar
  2. Demorarme más de 1 día en responder correos
  3. Llegar atrasado
  4. Recordar momentos en donde no di lo mejor para apoyar a otra persona
  5. Botar a la basura algo reciclable
  6. No usar la bicicleta al menos 1 vez al día
  7. Comer demasiado por dejarme llevar por la presión social de un evento

No hago lo anterior de forma recurrente, pero cuando lo hago, no estoy actuando acorde a mis valores. Y esto me lleva a sentir culpa, ya que pienso en mi como una persona saludable, disciplinada, confiable, solidaria y empática.

Pero resulta muy difícil actuar acorde a nuestros valores el 100% del tiempo, así que la culpa nos sirve de recordatorio de que no lo estamos haciendo.

Existe otra cosa que realmente me hace sentir culpable: no trabajar.

Nuestra productividad generalmente se guía por nuestra culpa de no trabajar. De seguro que trabajamos arduamente para generar dinero, apoyar a nuestras familias y ahorrar para el retiro. Pero también trabajamos duro para minimizar los sentimientos de culpa.

Mientras más proyectos tengamos en curso, más resultados tenemos que conseguir de cada momento y mientras más notificaciones en nuestro entorno indiquen lo “ocupados” que estamos, menos culpa sentimos. Pero en general, esta búsqueda sin dirección de perseguir más – ya sea en cada momento o en general – nos hace perder el foco.

Me he dado cuenta de que la culpa de no trabajar emana de 2 lugares:

  • Primero, viene del hecho de que valoramos el trabajo duro.
  • Segundo, consideramos costo de oportunidad de nuestras acciones cuando sea que no estamos trabajando – pensando en lo que podríamos estar haciendo en vez de lo que estamos haciendo en ese momento; en cuyo caso el costo de la oportunidad es trabajar.

Para superar esta culpa, al menos para mi funciona reflexionar en el valor que le pongo a lo que no es trabajo. El trabajo es importante, pero irónicamente, alejarnos del trabajo es algo que nos ayuda a hacer un mejor trabajo en general.

Desconectarnos, relajarnos y dispersar nuestra atención es una de las mejores formas de ser más productivo. Estas tácticas nos ayudan a descansar, conectar puntos y planificar el futuro.

Si sientes los mismos niveles de culpa durante los momentos de descanso, recomiendo esta estrategia: sopesar esta emoción reflexionando en cómo necesitas recargarte y desconectarte – y, más alla que eso, cómo el generar un buen trabajo depende de eso.

Reflexiona en cosas como:

  • Cuánto valoras descansar tu mente para que puedas hacer más y mejor trabajo creativo.
  • Cómo tu concentración se beneficia de las pausas.
  • Cómo las grandes ideas llegan a tu mente cuando tu mente divaga (cuando no estás trabajando)
  • Cuán seguido tu mente considera y planifica el futuro mientras te desconectas.

La culpa es, usualmente, un signo de que no estás actuando en concordancia a tus valores. Pero no dejes que esta culpa de no trabajar impida que consigas ese merecido descanso.

Es posible que comiences a valorar el “no trabajar” también.

Artículo original

Autor: Chris Bailey

Editado y traducido por Cristian Estrada

4 razones que explican porqué no te puedes concentrar en tu trabajo

4 razones que explican porqué no te puedes concentrar en tu trabajo

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Tiempo de lectura

10 minutos y 21 segundos.

RESUMEN

Concentrarse en el trabajo puede resultar difícil para la persona promedio, pero existen formas de lidiar con las distracciones y devolvernos al estado de concentración necesario con algunas buenas prácticas. 

En general la falta de concentración puede deberse a poco descanso, muchas tareas, muchas distracciones o incluso, puede deberse a que odias silenciosamente lo que estás haciendo.

 

¿Has tenido esos días, no? – Esos cuando parece que no puedes lograr ningún resultado.

Gastas un par de minutos en un documento, seguido por una cantidad vergonzosa de tiempo en un espiral sin retorno dentro de youtube. Luego respondes un solo correo para luego tomar tu teléfono y darle una vista “no tan corta” a Instagram.

A pesar de tener una lista larga de pendientes, simplemente no te puedes enfocar en nada. Tu sabes que necesitas terminar con esas tareas, pero parece que las fechas límite no son suficientes para convencerte para sentarte y enfocarte.

¿Qué causa esto?

¿Por qué no puedes acercarte a terminar tus pendientes?

Y más importante, ¿cómo le puedes dar a tu tiempo de atención un remezón?

Razón #1: Estás realmente cansado (y matando tus neuronas)

¿Estás bostezando en tu escritorio? ¿Te sientes con los ojos pesados o visión nublada? ¿Estás ya por tu tercera (o cuarta) taza de café?

Tengo noticias para ti: Estás sobre-cansado y eso está provocando dificultad para que te puedes concentrar.

Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania muestra una correlación directa entre falta de sueño y funciones cognitivas mediocres – incluyendo tu memoria de trabajo y velocidad cognitiva. Además, otras características afectadas son el estado de vigilia y atención ejecutiva.

Eso significa que no conseguir sueño suficiente puede realmente sabotear tu concentración.

Pero hay algo que da más miedo: La falta de sueño continuada puede estar destruyendo tus células cerebrales. Como parte de un estudio publicado en The Journal of Neuroscience en que ratones fueron sometidos a falta de sueño, los investigadores descubrieron que neuronas del locus cerúleo (NLC) en el cerebro d elos ratones – que son esenciales para el estado de alerta – comenzaron a morir.

Ya que las neuronas se estaban activando sin el descanso suficiente, se dañaron y eventualmente se destruyeron. Los ratones perdieron una cantidad increíble de 25% de sus NLC luego de solo 3 días con 4-5 horas de sueño

Los investigadores estiman que lo mismo podría pasar en cerebros humanos. Así que, básicamente, una falta de sueño puede literalmente destruir tus células cerebrales. Por eso es tan difícil concentrarse luego una noche sin buen descanso.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Tu primer instinto puede ser ir a buscar otra dosis de cafeína, pero en realidad eso es simplemente un “parche curita” .

En vez de ponerte a tomar siesta encima del escritorio, existen algunas cosas que se pueden hacer sin tener que golpearte en la cara.

Una de las mejores cosas para hacer es salir a caminar. Eso no solo obliga a tu cuerpo a activar su circulación sanguínea, sino que también te expone a la luz natural. Estudios publicados en el Journal of Advances in Chemical Engineering and Biological Sciences indican que la exposición directa al sol mejora tu atención, así como tu desempeño trabajando.

Y, en vez de agarrar otra taza de café, toma un vaso de agua. El cuerpo pierde mucha agua durante las horas de sueño y es frecuente que las personas no se hidraten correctamente durante el horario laboral; así que un poco de agua puede ser justo lo que necesitas para despertar de nuevo.

Claro que, estas soluciones rápidas te pueden ayudan cuando decaiga tu atención durante el día de trabajo, pero de ninguna forma son un reemplazo digno comparado a una noche completa de sueño reparador.

Evaluar y re-organizar tu calendario para asegurar que te estás dando suficiente tiempo de descanso (De acuerdo a la Fundación Nacional del Sueño, debería tener entre 7 y 9 horas de sueño) y puedas atender tu lugar de trabajo sintiéndote alerta y recargado.

Fuente: National Sleep Foundation

Razón 2: Todas las noticias son malas noticias (para tu concentración).

No existe escasez de distracciones en tu día promedio de trabajo – y no estoy sólo hablando de ese colega que siempre pasa a contarte algo o las aparentemente interminables reuniones que interrumpen tu día.

Tienes una vida fuera del trabajo, y puede resultar difícil chequear tus pendientes en la puerta de la oficina. Cuando acontecimientos importantes ocurren fuera de la oficina – sean buenos o malos – se vuelve incrementalmente difícil dejarlo de lado y terminar tu trabajo. Eso es porque tu estado emocional está directamente ligado a tu nivel de concentración.

Miremos ambos lados: eventos positivos y negativos. Seguiremos el cliché y comenzamos con las “malas noticias primero”. Para ponerlo en simple, las noticias negativas tienen un impacto severo en nuestro estado de ánimo.

“En particular…las noticias negativas pueden afectar nuestras preocupaciones personales”, dice el psicólogo Británico Dr. Graham Davey, en un artículo HuffPost acerca de los ciclos de noticias negativas. “Ver noticias negativas significa que estás inclinado a ver tus propias preocupaciones como más amenazantes y severas, y cuando comienzas a preocuparte por ellas, es más probable que encuentres tu preocupación difícil de controlar y que sea más estresante de lo que sería normalmente.”

Aunque esa cita está relacionada a la programación de noticias en particular, puede ser aplicada a cualquier tipo de noticias negativas que recibas – como la de una noticia sobre el grave estado de salud de un familiar. Eso envía a tu mente un mal estado que estanca tu ánimo y hace que sea mucho más difícil volcar tu atención a tu lista de tareas.

¿Y qué hay de las noticias buenas o emocionantes? ¿No deberían tener el

Cuando estás emocionado por algo, eso aumenta tu adrenalina. La adrenalina se siente excelente, pero niveles muy altos pueden llevar a ansiedad,lo que resulta en menor rendimiento en el trabajo.

Se llama la Ley de Yerkes-Dodson, y básicamente dice que existe un punto óptimo de estimulación para lograr completar tus tareas. Y un evento emocionante te pone muy lejos de ese nivel óptimo – lo que vuelve difícil recuperar la concentración.

Piensa por un momento, si alguien te pide que generes un reporte inmediatamente luego de que te han anunciado una promoción en el trabajo, es probable que sea difícil que te concentres. Estarías en estado de excitación amplificado lo que haría casi imposible realizar incluso la tarea más rutinaria.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Mantener tus propios pensamientos y emociones en orden puede ser un desafío. Puedes intentar ignorar las noticias que te distraen y que se encuentran paseando por tu mente, pero es posible que no lo consigas con éxito.  

En vez de eso, los expertos recomiendan que es mejor reconocer exactamente lo que te está distrayendo y volver a centrarte en ti mismo al concentrarte en algo más visceral – comotu respiración por ejemplo.

Observación: No se trata de algo como totalmente evitar esa distracción, sino que en concentrarse en algo distinto.

“No tienes que sofocarlo para suprimirlo”, explica Rich Fernandez, Director Ejecutivo de la ONG “Search Inside Yourself Leadership Institute” en un atículo para Harvard Business Review. “Toma nota de eso, reconócelo y ponlo en un estacionamiento mental para pensar sobre eso más tarde, cuando puedas discutirlo con alguien más, o cuando no estés en el trabajo y tengas mucho por hacer”.

Tomar esos minutos extra podrían mejorar ligeramente tu estado de ánimo o bajar tu adrenalina, para que puedas volver al trabajo con nivel de concentración renovado.

Razón 3: Estás equilibrando muchos platos

Probablemente has escuchado que tu obsesión con el “multi-tasking” (hacer varias cosas al mismo tiempo) está saboteando tu productividad.

Seré honesto: Soy un firme creyente de que el multi-tasking no siempre es malo. Sin embargo, cuando tu concentración se vea agotada, eso es un signo sólido de que estás haciendo muchas cosas al mismo tiempo.

¿Qué es tan malo acerca de este malabarismo especial? En un estudio titulado “El costo del trabajo interrumpido: Más velocidad y estrés”, los investigadores observaron que mientras las personas trabajaban más rápido en condiciones en que eran constantemente interrumpidas (de la forma que ocurre con el multi-tasking), finalmente produjeron menos resultados.

Y el punto más importante: Se sintieron significativamente más estresados y frustrados.

Eso importa mucho. Cuando estás estresado, esto es lo que ocurre en tu cerebro:

Tu amígdala envía una señal de estrés a tu hipotálamo, el que reacciona haciéndole saber a tus glándulas adrenales que estás bajo presión y tus glándulas adrenales responden liberando adrenalina en tu torrente sanguíneo.

Ya mencionamos en el punto anterior el efecto de mucha adrenalina; lo que provoca más dificultad para concentrarte y ejecutar tareas.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Por más estresante que sea hacer muchas tareas al mismo tiempo, es un hábito incorporado por muchos de nosotros.

Eso es porque nuestro cerebro es muy adaptable  – lo que significa que literalmente “le hemos enseñado a nuestro cerebro a estar desconcentrado”, como explica David Rock, cofundador de Neuroleadership Institute, en su artículo para Entrepreneur.

Suena simple como decirte a ti mismo que sólo deberías enfocarte en una cosa al mismo tiempo. Pero, si alguna vez lo has intentado de verdad, sabes cuán difícil puede ser.

Comienza por controlar lo que esté a tu alcance para crear un ambiente que sea conducente a un trabajo altamente concentrado. Deja tu teléfono en otro cuarto. Cierra la pestaña de tu correo. Usa audífonos para no escuchar el ruido de la oficina.

A continuación, haz una lista de tus 3 más altas prioridades para el día. Esa lista corta te mantendrá enfocado en la visión de largo plazo y quizás, prevenga que te distraigas con lo que ocurre minuto a minuto.

Finalmente, trata de trozar tu día en pedazos pequeños. Puedes usar la técnica de Pomodoro o incluso usar este sistema científico de 52 minutos de trabajo seguidos por 17 de descanso.

Usando estos pedazos de tiempo implica un sentido de urgencia, porque tienes poco tiempo para concluir todo lo que implica ese bloque – que es lo opuesto a lo que ocurre cuando te tomas todo el día para hacer todas las tareas; que provoca un estiramiento interminable a medida que avanza el día.

Además, los descansos son una oportunidad de refrescarte, respirar profundo y volver a concentrarte cuando sea necesario.

Razón #4: Odias lo que estás haciendo

Seamos claros – si no te emociona lo que sea que tengas que hacer, vas a encontrar excusas para no hacerlo. Sabes que debes hacerlo, pero eso no impedirá que gastes el tiempo haciendo otras cosas antes.

Como explican Phil Stutz (psiquiatra) y Barry Michaels (psicoterapeuta) en un fragmento en Greatist, eso ocurre porque en realidad tomar acción en una tarea que no nos gusta inspira un cierto grado de dolor.

Quizás preferirías quedarte mirando cómo se pinta un cuadro antes de comenzar la tarea mundana de registrar tus gastos mensuales. O, quizás embarcarse en ese proyecto gigante levanta sentimientos de duda o incomodidad.

En cualquier circunstancia, vas a evitar enfocarte en esa tarea para evitar los sentimientos incómodos que te inspira. Vas a hablar con un colega. Vas a buscar más café o agua. Compras en línea. Divagas en redes sociales. Separas clips enredados.

En este caso particular, no es la falta de concentración la culpable – sino la vieja y conocida procrastinación.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Preárate para un chequeo brutal de realidad: Sólo necesitas abrocharte el cinturón y terminar eso que tienes pendiente. De hecho, termínalo primero, antes de que cualquier otra cosa en tu lista. “Cómete esa rana” y comienza a trabajar en eso a primera hora de día, cada día.

¿Qué es tan maravilloso de terminarla al comienzo? Sabrás que dejaste lo peor atrás. Todo el resto en esa lista diaria parecerá insignificante e indoloro en comparación a esa tarea, lo que significa que probablemente te sientas mucho más enfocado y motivado en lo que quede del día de trabajo.

 

Deja de inquietarte y comienza a concentrarte

Existen múltiples razones por las cuales podrías estar agotando tu concentración. Si por alguna razón ninguna de las razones de arriba sirven para tu caso, está bien; a veces las situaciones personales son más complejas.

Incluso, existen días en donde nada rima, nada tiene sentido o razón de ser y no logras producir lo que tenías en mente. Algunas veces simplemente ocurre, y “no te sientes en sintonía”.

Pero hay buenas noticias: A menos de que seas un cirujano o un piloto comercial, tus tareas probablemente no son de “vida o muerte”. Así que hazte un favor, aléjate a despejar la mente por algunos minutos y conversa contigo mismo sobre cómo volver a la concentración.

Podría parecer una pérdida de tiempo, pero puedo garantizar que es mucho más productivo que golpear tu cabeza contra el teclado o revisar instagram o twitter por la 800va vez en el día.

Promesa – tu trabajo seguirá ahí, esperando luego de tu descanso.

Artículo original

Autor: Kat Boogaard

Traducido por Cristian Estrada

10 Errores de pensamiento que aplastan tu fortaleza mental

10 Errores de pensamiento que aplastan tu fortaleza mental

Resumen: Nuestra propia forma de pensar moldea la opinión que tenemos de nosotros, de otros y de lo que el futuro tiene para nuestra vida. Reconocer estos patrones y corregirlos es importante para mejorar nuestras relaciones y conseguir nuestros objetivos.

reloj homo eficiensLectura: 5 minutos, 4 segundos.

La fortaleza mental requiere de 3 pilares para su desarrollo:

  1. Administrar nuestros pensamientos.
  2. Regular nuestras emociones.
  3. Comportarnos productivamente respecto de nuestras circunstancias.

Aunque las 3 áreas pueden ser un verdadero desafío por sí solas, es muy común que nuestros pensamientos sean la dificultad para ser mentalmente más fuertes.

A diario en nuestras rutinas, nuestro narrador interno narra nuestra experiencia. Y es ese, nuestro diálogo unipersonal el que guía nuestro comportamiento e influencia cómo interactuamos con otros. También juega un rol importante en cómo nos sentimos respecto de nosotros mismos, otras personas y el mundo en general.

Muy frecuentemente, sin embargo, nuestros pensamientos conscientes no son realistas; son irracionales e imprecisos. Por tanto, creer en nuestros pensamientos irracionales puede llevarnos a problemas que afectan nuestra comunicación, nuestras relaciones y nuestras decisiones.

Ya sea que persigues metas personales o profesionales, la clave para el éxito generalmente comienza con reconocer y reemplazar pensamientos imprecisos. Los errores más comunes del pensamiento pueden ser divididos en estas 10 categorías, las que fueron adaptadas del libro de David Burn: Sentirse bien: La nueva terapia del estado anímico.

1. Pensamiento del TODO o NADA

Algunas veces vemos las situaciones como negro o blanco: quizás tengas estas 2 categorías de colegas en tu trabajo – los buenos y los malos. O quizás miras cada proyecto como un éxito o un fracaso.

Es bueno reconocer las sombras de gris, en vez de poner etiquetas de “todo bueno” o “todo malo”.

2. Sobre-Generalizar

Es fácil tomar un evento particular y generalizarlo al resto de tu vida. Si fallaste para cerrar un negocio, puede que decidas pensar “Soy malo en el cierre de negocios”. O si has sido tratado mal por miembros familiares, puede que decidas pensar “Todos en mi familia son unos maleducados”.

Es bueno darse cuenta  de cuando un incidente puede aplicar a un momento en particular, en vez de todo el resto de tu vida.

3. Filtrar lo positivo y dejarlo fuera

Si ocurren nueve cosas buenas y una mala, algunas veces filtramos las buenas y nos quedamos con las malas. Quizás lo dejamos como un mal día, a pesar de todo lo positivo que haya ocurrido. O quizás cuando evaluamos nuestro desempeño en el día la conclusión es “pésimo” a pesar  de que sólo cometimos un error.

Filtrar fuera lo positivo podría estar evitando tener una mirada realista sobre una situación.

Es bueno desarrollar una mirada balanceada al considerar ambas cosas; lo positivo y lo negativo.

4. Lectura mental

Nunca podemos estar seguros de lo que otra persona piensa. Pero aún así, ocasionalmente asumimos saber lo que pasa en la mente de otra persona. Cosas como “Debió haber pensado que soy un estúpido en la reunión” hace una inferencia que no necesariamente está basada en la realidad.

Es bueno recordarse a uno mismo que podríamos estar haciendo supuestos equivocados sobre las percepciones de otras personas.

5. Catastrofizar

Algunas veces pensamos que las cosas son mucho peores de lo que realmente son. Si fracasas al alcanzar tus metas financieras un mes puede que pienses “Voy a terminar en la quiebra.”, o quizás “Nunca ahorraré lo suficiente para mi vejez.” incluso aunque no exista evidencia para esa situación. Puede ser fácil envolverse en una corriente de pensamientos catastróficos una vez que nuestros pensamientos se vuelven negativos.

Cuando toque predecir el “oscuro final”, es bueno recordar que existen múltiples posibilidades para un resultado.

6. Razonamiento emocional

Nuestras emociones no están siempre basadas en la realidad, pero frecuentemente los asumimos como racionales.

Al estar preocupados por un cambio de carrera profesional, podríamos pensar “Si me aterra tanto esto, no debería cambiar de trabajo.” O podríamos estar tentados de asumir “Si me siento como un perdedor, debo ser un perdedor”.

Es esencial reconocer que nuestras emociones, así como nuestros pensamientos, no están siempre basados en hechos.

7. Etiquetar

Etiquetar significa poner un nombre a algo. En vez de pensar “Ella se equivocó”, quizás podríamos pensar en esa vecina como “una idiota”. Etiquetar a las personas y experiencias las coloca en categorías que frecuentemente están aisladas en incidentes.

Es bueno darse cuenta cuando estamos intentando categorizar para evitar poner etiquetas mentales en todo.

8. Predicción de fortuna

A pesar de que nadie sabe lo que pasará en el futuro, algunas veces a algunas personas les gusta pensar que pueden predecir los resultados. Cosas como “Voy a ser una vergüenza mañana” o “Si comienzo a hacer la dieta, voy a subir de peso.” Este tipo de pensamientos pueden convertirse en profecías personales si no somos cuidadosos.

Al momento de predecir el futuro oscuro es bueno recordar que existen muchas otras posibilidades que podrían ocurrir.

9. Personalización

Por mucho que nos guste decir que el mundo no gira alrededor de nosotros, es fácil personalizar lo que nos ocurre. Si un amigo no llama de vuelta se podría asumir que “Está enojado contigo” o si un colega está gruñón se podría concluir que “No se lleva bien contigo”.

Cuando nos encontramos “personalizando” lo que ocurre, es bueno tomarse el tiempo para ponderar otros factores que podrían estar influenciando las circunstancia.

10. Ideal irreal

Hacer comparaciones injustas sobre nosotros mismos y otras personas podría arruinar nuestra motivación.

Mirar a alguien que ha conseguido mucho éxito y pensar “Yo debería haber hecho eso.”, no ayuda en absoluto, especialmente si esa persona tuvo golpes de suerte o ventajas competitivas en el camino al éxito.

En vez de medir la vida en comparación con la de otra persona,  es bueno comprometerse en el camino personal del éxito.

Arreglando los errores de pensamiento

Una vez reconocidos los errores de pensamiento, es un buen comienzo desafiar esos pensamientos.

Buscar las excepciones a la regla y conseguir evidencia de que nuestros pensamientos no son 100% verdaderos es una buena práctica, porque luego se pueden reemplazar los pensamientos iniciales con pensamientos más realistas.

No es necesario que el objetivo sea reemplazar los pensamientos negativos con idealismos o pensamientos positivos. En vez de eso, se trata de reemplazar con pensamientos realistas.

Cambiar la forma en que pensamos requiere de mucho esfuerzo al comienzo, pero con práctica, se notarán estos cambios; no simplemente en la forma de pensar, sino que también en la forma en que nos comportamos.

A fin de cuentas, se puede hacer la paz con el pasado mirando el presente de forma distinta, y sobre todo, pensando en el futuro de una forma que apoye tus posibilidades de alcanzar tus propias metas.


Autor: Amy Morin
Artículo original